
La “buena alimentación” para la memoria
es exactamente la misma que para el cuerpo: una dieta rica en frutas y verduras
y baja en consumo de las denominadas “grasas malas”. Es importante hacer
hincapié en lo de “grasas malas” porque, al contrario de lo que mucha gente
piensa, no todas las grasas son perjudiciales para nuestra salud.
Los científicos han podido comprobar que
el consumo en las cantidades apropiadas de antioxidantes y ácidos grasos
omega-3 mejora el rendimiento de las capacidades cognitivas en general, y de la
memoria en particular:
1. Las vitaminas C y E son antioxidantes
que mejoran el flujo de oxígeno que llega a nuestro cerebro.
Los arándanos, las espinacas, el brócoli,
los tomates, el hígado, los frutos secos, y el té verde son alimentos con un
importante efecto antioxidante.
2. Los ácidos grasos Omega-3 podemos
encontrarlos en los pescados de agua fría: salmón, arenque, atún, mero,…
También se encuentran en el aceite de oliva y en las nueces. Todos los expertos
en nutrición recomiendan el consumo de por lo menos 2 raciones de pescado por
semana. Si por alguna razón, no puedes consumir estas 2 raciones semanalmente,
podría estar justificado el consumo de suplementos alimenticios (siempre previa
consulta médica).

3-5 raciones de fruta o verdura cada día.
2 raciones, como mínimo, de pescado a la
semana.
Si además puedes reducir tu consumo de
carnes “rojas”, mucho mejor. No se trata de que elimines su consumo, sino de que
lo reduzcas hasta un máximo de 2 raciones por semana.
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